Imágenes tomadas de Barinas.net.ve, la Corporación Trujillana de Turismo y del museo de historia Casa del Decreto de Guerra a Muerte
sábado, 15 de junio de 2013
Historia de la histórica Casa de la Guerra a Muerte
Centro de
Historia del Estado Trujillo o Casa de la Guerra a Muerte
Esta
institución trujillana se halla ubicada el la vieja casona
de hermosa condición donde el Libertador Simón
Bolívar firmo el Decreto de Guerra
a Muerte; el 15 de
junio de 1813, y el 25, 26 y 27 de noviembre de 1820 y se dio el abrazo
de Bolívar y Morillo en Santa Ana, respectivamente.
Esta casa
perteneció al Escocés Jacobo Antonio Roth, quien
la cedió al Ejercito Libertador y a Simón
Bolívar para que pernotara en ella. El 15 de junio de 1813,
a las tres de la mañana fue testigo de la firma de la
Proclama de la Guerra a Muerte, como una necesidad
histórica
de los republicanos ante las atrocidades de las huestes realistas.
En este sentido, Jacobo Antonio Roth, quien lego a ser el primer gobernador político
militar de Trujillo, cuando Venezuela se libera del yugo
español, que había durado
tres siglos de
colonización, gran republicano le cede la casa a
Bolívar para la firma de dicha proclama.
Siete años
después, en la segunda visita del Libertador a Trujillo, el
25 de noviembre de 1820, se dan dos tratados de Armisticio y
Regularización de la Guerra, donde el genio de Sucre
lideriza la contienda de la guerra independentista.
Esta referencia es
histórica y mundial, porque dichos tratados son tomados en
cuenta en las convenciones de los Derechos Humanos a nivel mundial por
la Organización de Estados Americanos (OEA), la
Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Corte de La
Haya; fundamentalmente, cuando la Primera Guerra Mundial, en el Tratado
de Versalles, tomaron como referencia el Armisticio y
Regularización de la Guerra, efectuado aquí en
Trujillo en 1820. asimismo, una vez finalizada la Segunda Guerra
Mundial, cuando las conversaciones de Ginebra, también son
tomadas en cuenta dichas connotaciones.
Del 1 al 6 de marzo de
1821, en la tercera visita de Bolívar a Trujillo se
entrevista con el obispo Rafael Lasso de La Vega, en la Iglesia
Catedral de Trujillo, época en que la iglesia se suma a la
gesta independentista, ya como institución; el libertador
pernoto nuevamente en dicha residencia, así como también en
su cuarta visita.
También, en
dicha casa vivió por un tiempo el General en Jefe
José de La Cruz Carrillo Terán, hasta el 17 de
junio de 1865, cuando muere. Cruz Carillo es uno de los
próceres de la independencia (Trujillano), quien
llegó a ser héroe de la Batalla de
Boyacá, en Colombia, colaborando para su independencia, el 7
de agosto de 1819.
Allí
se conserva la mesa donde se firmaron estos documentos, al igual que
importantes piezas documentales, reliquias, numismática,
utensilios, objetos de importancia histórica y cuadros con
la figura de próceres y figuras relevantes del estado
Trujillo.
Horario: Lunes a Viernes
8:00 a.m. a 6:00 p.m.
Dirección: Av. Independencia, cuadra más arriba
de la Plaza Bolívar del Municipio Trujillo-Venezuela
Tomado de: http://www.trujillovirtual.com/sitios1.html
Decreto a Guerra Muerte
Por: Pedro
Rodríguez Rojas | Miércoles, 11/06/2008 11:29 AM |
“Españoles y Canarios, contad con
la muerte, aun siendo indiferentes, si no obráis activamente en obsequio de la
libertad de América. Americanos, contad con la vida, aun cuando seáis
culpables.” Simón Bolívar. Trujillo 15 de junio de 1813.
Esta estrofa del Decreto de
Guerra a Muerte ha sido miles de veces sometida a los juicios valorativos sobre
su posible crueldad, pero como todo documento no puede ser entendida sino
dentro de su contexto: Qué estaba pasando 1813 para que Bolívar se atreviera a
lanzar tal proclama?. Ya seis meses antes en el célebre Manifiesto de Cartagena
de 1812, Bolívar reflexiona sobre las causas de la caída de la I República,
considerando entre las principales causa la debilidad del primer gobierno
republicano: El más consecuente error que cometió Venezuela, al presentarse en
el teatro político fue, sin contradicción, la fatal adopción que hizo del
sistema tolerante; sistema improbado como débil e ineficaz, desde entonces, por
todo el mundo sensato, y tenazmente sostenido hasta los últimos periodos, con
una ceguedad sin ejemplo.
Bolívar critica “las repúblicas
aéreas” que fueron diseñadas por los políticos sin experiencia: Los códigos que
consultaban nuestros magistrados, no eran los que podían enseñarles la ciencia
práctica del gobierno, sino los que han formado ciertos buenos visionarios que,
imaginándose repúblicas aéreas, han procurado alcanzar la perfección política,
presuponiendo la perfectibilidad del linaje humano. Por manera que tuvimos
filósofos por jefes; filantropía por legislación, dialéctica por táctica, y
sofistas por soldados.
En antesala a lo que sería en 1813 el Decreto de Guerra a Muerte, el Libertador acusa por igual la debilidad del ejército y la justicia, la excesiva clemencia refortaleció al enemigo:
Al abrigo de esta piadosa doctrina, a cada conspiración sucedía un perdón, y a cada perdón sucedía otra conspiración que se volvía a perdonar: porque los gobiernos liberales deben distinguirse por la clemencia. ¡Clemencia criminal, que contribuyó más que nada a derribar la máquina, que todavía no habíamos enteramente concluido! pues los milicianos que salieron al encuentro del enemigo, ignorando hasta el manejo del arma, y no estando habituados a la disciplina y obediencia…
El Decreto de guerra a Muerte es
la lógica reacción a esta debilidad, también un llamado a los americanos aun
reacios a levantarse contra la tiranía, por eso el perdón“… aun cuando seáis
culpables”, pero además fue una respuesta contra la despiadada postura de los
realistas encabezada por Monteverde pero que sería agudizada al extremo de la
crueldad por Boves. Frente a este contexto ya el 8 de junio Bolívar señalo:
“Nuestro odio será implacable y la guerra será a muerte”. Era el hombre que venía
de iniciar desde el 14 de mayo desde Cúcuta una aguerrida campaña militar por
recobrar la libertad apenas acariciada, a penas liberada Mérida y Trujillo es
meritoriamente nombrado Libertador de Venezuela, en una campaña bien llamada
Campaña Admirable y que culmina el 6 de agosto de ese año cuando el ejército
patriota entre triunfante a Caracas y se inicia la Segunda República. El tiempo
transcurrido hasta finales de 1814 son meses realmente sangrientos de ambos
bandos. Caída nuevamente la república se produjo varios intentos por suspender
el decreto, en tal sentido, en su proclama de Ocumare del 6 de julio de 1816,
expresó que: «...La guerra a muerte que nos han hecho nuestros enemigos cesará
por nuestra parte: perdonamos a los que se rindan, aunque sean españoles.
Ningún español sufrirá la muerte fuera del campo de batalla»; lo cual
obviamente buscaba humanizar la contienda militar. Finalmente, el 26 de
noviembre de 1820 se celebró en Trujillo, en el mismo lugar donde se proclamó
la «guerra a muerte», el Tratado de Regularización de la Guerra, el cual
derogaba el decreto de 1813.
Tomado de: http://www.aporrea.org/actualidad/a58659.html
Titulo original: A 195 años del
Decreto de Guerra a Muerte
Restos de filosofía: el decreto de guerra a muerte ¿inteligencia o estupidez?
07.05.12 | por Gonzalo
Palacios G. |
En mi libro VENEZUELA XXI La Revolución de la
Estupidez, creí haber dado suficientes razones para catalogar el Decreto de
“Guerra a Muerte” como una de las estupideces de El Libertador Simón Bolívar.
Alguno que otro lector no ha aceptado ese juicio. Se me ha acusado de
antibolivariano y por ende de antipatriota lo cual me preocupa únicamente
porque tal acusación demuestra la estupidez de quienes la hacen, pues ni me
conocen ni saben distinguir entre patriotismo y personalismo. Este error es
fundamental en la historia de Venezuela – es decir, fundamenta la Nación y
todas sus instituciones. Así, vemos numerosísimos casos de venezolanos que han
logrado identificar instituciones nacionales consigo mismo.
Para muestra basten dos de ellos que para
desgracia nuestra se identificaron con la Patria:
Simón Bolívar: “¡Juro delante de usted, juro por
el Dios de mis padres, juro por ellos; juro por mi honor y juro por la Patria,
que no daré descanso a mi brazo ni reposo a mi alma, hasta que no haya roto las
cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español!”
Hugo Chávez: “Juro por el Dios de mis padres,
juro por mi nación, juro por mi honor que no permitiré que mi alma descanse ni
bajaré mi brazo, hasta que haya roto las cadenas que oprimen a mi pueblo por la
voluntad de los poderosos”. En Bart Jones, Hugo! The Hugo Chávez Story from
Mud Hut to Perpetual Revolution. Hanover, New Hampshire: Steerforth Press
(2007).
Me permito recordar al lector lo que escribí en
otra ocasión:
“Lamentablemente… para el pueblo, sus héroes no cometen estupideces; y así se escribe la historia.” (LITERANOVA, 26.03.12, Restos de Filosofía, Estupideces Adicionales). No quiero decir que estos juramentos sean estupideces de por sí, sino que ambos fueron productos de emociones y sentimientos del momento sin ser guiados por la inteligencia: cero sindéresis.
“Lamentablemente… para el pueblo, sus héroes no cometen estupideces; y así se escribe la historia.” (LITERANOVA, 26.03.12, Restos de Filosofía, Estupideces Adicionales). No quiero decir que estos juramentos sean estupideces de por sí, sino que ambos fueron productos de emociones y sentimientos del momento sin ser guiados por la inteligencia: cero sindéresis.
Analizaré de inmediato el famoso decreto de
Guerra a Muerte para especificar los pasajes que demuestran la estupidez de
Simón Bolívar al momento de publicarlo. Para ayudar a quienes no conozcan su
historia, ubicaré el episodio brevemente en el espacio y el tiempo.
“Trujillo, Venezuela, junio, 2012”: cualquier periodista contemporáneo identificaría así el lugar y fecha de la noticia que está informando. En el siglo XIX, las noticias tardaban días, semanas y a veces meses en llegar su destino. A mediados de 1813, desde el Cuartel General de Trujillo, Bolívar ordenaba a su secretario Pedro Briceño Méndez que hiciere publicar un decreto dirigido “A sus conciudadanos” venezolanos. El nuevo decreto sería publicado en Caracas varios días más tarde, en la imprenta de Juan Bailio (o Baillío) con fecha 15 de junio de 1813, 3º. Evidentemente, no era posible publicar nada en Trujillo, a donde no había llegado la imprenta. Aparentemente ninguno de sus conciudadanos era capaz o contaba con la confianza de El Libertador para imprimir su más reciente explosión emotiva:
“[…] no hemos podido ver con indiferencia las aflicciones que os hacían experimentar los bárbaros españoles, que os han aniquilado con la rapiña y os han destruido con la muerte: que han violado los derechos sagrados de las gentes: que han infringido las capitulaciones y los tratados más solemnes; y en fin han cometido todos los crímenes, reduciendo la República de Venezuela a la más espantosa desolación. Así pues, la justicia exige la vindicta, y la necesidad nos obliga a tomarla. Que desaparezcan para siempre del suelo colombiano los monstruos que lo infestan y han cubierto de sangre […] ”
“Trujillo, Venezuela, junio, 2012”: cualquier periodista contemporáneo identificaría así el lugar y fecha de la noticia que está informando. En el siglo XIX, las noticias tardaban días, semanas y a veces meses en llegar su destino. A mediados de 1813, desde el Cuartel General de Trujillo, Bolívar ordenaba a su secretario Pedro Briceño Méndez que hiciere publicar un decreto dirigido “A sus conciudadanos” venezolanos. El nuevo decreto sería publicado en Caracas varios días más tarde, en la imprenta de Juan Bailio (o Baillío) con fecha 15 de junio de 1813, 3º. Evidentemente, no era posible publicar nada en Trujillo, a donde no había llegado la imprenta. Aparentemente ninguno de sus conciudadanos era capaz o contaba con la confianza de El Libertador para imprimir su más reciente explosión emotiva:
“[…] no hemos podido ver con indiferencia las aflicciones que os hacían experimentar los bárbaros españoles, que os han aniquilado con la rapiña y os han destruido con la muerte: que han violado los derechos sagrados de las gentes: que han infringido las capitulaciones y los tratados más solemnes; y en fin han cometido todos los crímenes, reduciendo la República de Venezuela a la más espantosa desolación. Así pues, la justicia exige la vindicta, y la necesidad nos obliga a tomarla. Que desaparezcan para siempre del suelo colombiano los monstruos que lo infestan y han cubierto de sangre […] ”
Bolívar tendría que confiarse de un impresor
Europeo, con menos de tres años en Caracas, Juan Bailio. Oriundo de Francia,
Bailio había llegado a Venezuela a los 58 años de edad proveniente de Haití.
El hecho que Bolívar se viera obligado a publicar
su sanguinario decreto días más tarde de su redacción en Trujillo indica el
estado de subdesarrollo cultural en que se encontraban “los estados que cubren
nuestras armas” (a menos que indique lo contrario, las citas son del Decreto).
También se puede deducir que para algunas tareas militares y administrativas,
Bolívar confiaba más fácilmente en extranjeros que en sus compatriotas, quizá
por efecto de la educación recibida desde niño y adolescente, quizá por la
admiración que sentía hacia la cultura inglesa y los americanos del Norte.
Ejemplos sobran: el general Juan Illingworth, el general O’Leary, el coronel
Henry Wilson, Mr. Spackman y Juan Alderson (tutores de su sobrino Fernando en
Estados Unidos), George Robertson y J. P. Campbell (banqueros ingleses),
coronel John Robertson (secretario personal, ver “Carta de Jamaica”), Thomas
Brión, Thomas Charles Wright y muchos otros. Confianza y fe ciegas, nacidas de
los deseos comerciales y políticos de los mantuanos que todavía ignoraban que
el Norte “es una quimera.” Bolívar comenzaba a pensar que “todas las naciones
cultas se apresurarían a auxiliarnos” y que “las ciencias y las artes que
nacieron en el Oriente y han ilustrado la Europa, volarán a Colombia libre…” (Carta
de Jamaica).
Pero ni estaban dadas las relaciones
internacionales como para trasladar aquellas ciencias y artes a territorios
hispanoamericanos ni Bolívar habría captado el alcance de la profunda y dolorosa
verdad expresada en sus propias palabras años más tarde en su “Carta de
Jamaica, un magnífico análisis de la realidad de la América española y su
porvenir” (Eduardo Casanova):
“En tanto que nuestros compatriotas no adquieran
los talentos y las virtudes políticas que distinguen a nuestros hermanos del
Norte, los sistemas enteramente populares, lejos de sernos favorables, temo
mucho que vengan a ser nuestra ruina.”
Dificulto que alguien que no haya vivido en el
interior venezolano sea capaz de imaginarse como sería la vida en Trujillo en
1813. Los que conocimos al país a partir del esperanzador gobierno del General
Eleazar López Contreras (1936-1941) podemos recordarlo más o menos como lo
vieron José Antonio Páez, José Tomás Bóves, y el mismo Bolívar. Durante más de
un siglo, poco o nada había progresado el país bajo los más de treinta
dictadores y presidentes que lo gobernaron. Los que viajábamos a la provincia
antes de la primera mitad del siglo XX, lo hacíamos por carreteras, no siempre
pavimentadas, construidas durante la dictadura de Juan Vicente Gómez.
Polvorientos, intransitables durante la época de lluvias o de “quemas
agrícolas” (Colombia finalmente las prohibió a principios del 2012), estos
caminos habían sido construidos por presos políticos y diseñados - según
algunos historiadores – con criterio militar y no civil.
“La reabsorción de la circunstancia es el destino
concreto del hombre” diría Ortega y Gasset (Meditaciones del Quijote, 1914)
poco más de un siglo más tarde. Simón Bolívar en Trujillo de 1813 confirma
proféticamente la veracidad del ensayo del filósofo español. El contenido y el
estilo del Decreto de Guerra a Muerte reflejan a cabalidad la circunstancia en
la que El Libertador se encontraba para entonces. Circunstancia que él había creado
para sí a partir de haber entregado al General Francisco de Miranda a los
españoles once meses antes.
Si bien fue cierto que los españoles habían “cometido todos los crímenes” y reducido al país “a la más espantosa desolación”, era absolutamente falso entonces y siempre que la justicia se lograría con la venganza. La “necesidad” que obligaba a Bolívar no era la de ajusticiar a los enemigos sino la de convertir a sus conciudadanos venezolanos en “los monstruos que infestan y han cubierto de sangre” al suelo colombiano. Para lograr esta maquiavélica transformación del pueblo, para lograr reducirlo al mismo nivel de “los bárbaros españoles, que […] os han destruido con la muerte”, no había que pensarlo: decretaría la Guerra a Muerte, sin contemplación alguna de las consecuencias. Aunque no necesariamente como su causa, este modo de proceder irresponsable, sin importarles las consecuencias de sus actos, lo repetirán todos los dictadores venezolanos comenzando con José Antonio Páez y culminando con su máxima expresión, Hugo Chávez.
Me permito descalificar futuras críticas de lo que aquí he escrito confirmándolo con las palabras mismas de El Libertador. Palabras, dicho sea de paso, que constituyen un rechazo total de su patrimonio étnico y un motivo personal al declararle la Guerra a Muerte a quienes fueron sus parientes, su difunta esposa, y sus amigos. Esas palabras confirman que Bolívar no quería justicia sino venganza inmediata, y al diablo las consecuencias (“aprés moi le dèluge”). Estas palabras con las que finaliza el Decreto las aprendimos en la primaria, cuando se enseñaba historia en Venezuela:
Si bien fue cierto que los españoles habían “cometido todos los crímenes” y reducido al país “a la más espantosa desolación”, era absolutamente falso entonces y siempre que la justicia se lograría con la venganza. La “necesidad” que obligaba a Bolívar no era la de ajusticiar a los enemigos sino la de convertir a sus conciudadanos venezolanos en “los monstruos que infestan y han cubierto de sangre” al suelo colombiano. Para lograr esta maquiavélica transformación del pueblo, para lograr reducirlo al mismo nivel de “los bárbaros españoles, que […] os han destruido con la muerte”, no había que pensarlo: decretaría la Guerra a Muerte, sin contemplación alguna de las consecuencias. Aunque no necesariamente como su causa, este modo de proceder irresponsable, sin importarles las consecuencias de sus actos, lo repetirán todos los dictadores venezolanos comenzando con José Antonio Páez y culminando con su máxima expresión, Hugo Chávez.
Me permito descalificar futuras críticas de lo que aquí he escrito confirmándolo con las palabras mismas de El Libertador. Palabras, dicho sea de paso, que constituyen un rechazo total de su patrimonio étnico y un motivo personal al declararle la Guerra a Muerte a quienes fueron sus parientes, su difunta esposa, y sus amigos. Esas palabras confirman que Bolívar no quería justicia sino venganza inmediata, y al diablo las consecuencias (“aprés moi le dèluge”). Estas palabras con las que finaliza el Decreto las aprendimos en la primaria, cuando se enseñaba historia en Venezuela:
“Españoles y Canarios, contad con la muerte, aun
siendo indiferentes, si no obráis activamente en obsequio de la libertad de la
América. Americanos, contad con la vida, aun cuando seáis culpables.”
¿Será acaso que a partir de condenar a muerte a
personas inocentes (Españoles y Canarios) y a partir de conceder inmunidad a
los culpables (Americanos) que llegamos a desconocer toda justicia? ¿Será
posible que la estupidez de Bolívar (cero inteligencia de su parte y de quienes
lo rodeaban en Trujillo) fue la causa de que en nuestros días se honren “los
restos mortales del luchador social Américo Silva, muerto como consecuencia de
la persecución a la disidencia política […]?” ¿y que a Carlos De Oliveira, aun
cuando fuese culpable, le confieren inmunidad por sus crímenes? Nada de leyes:
nada de magna carta, nada de justicia: sólo la venganza contra los que no obran
“en obsequio” de la mal llamada Revolución Bolivariana. Años más tarde,
descansando en su hamaca en Jamaica, Bolívar comprendió que sus compatriotas no
poseían “los talentos y las virtudes políticas” necesarios para ser libres y
vivir bajo el dominio de la ley. Lamentablemente, ya se había efectuado en el pueblo
venezolano la transformación preconizada en el Decreto y hasta el sol de hoy
tenemos gobernantes que dejan al país en “la más espantosa desolación” u a sus
ciudadanos convertidos en monstruos de guerra.
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| Gonzalo Palacios Galindo (Maracay, 1938). |
Estudió Arquitectura en la Universidad
Central de Venezuela, Recibió la Maestría y el Doctorado en Filosofía en la
Universidad Gregoriana (Roma) y en la Universidad Católica de América
(Washington, DC, USA). Mantuvo una intensa actividad académica en varias universidades
de Venezuela y de Estados Unidos. También ejerció cargos diplomáticos en la
Embajada de Venezuela en Washington. Actualmente enseña Filosofía en Prince
George’s Community College.
Hace 200 años Bolívar trazó una política de ofensiva total contra el imperio
El
Decreto de Guerra a Muerte respondió a la extrema crueldad de los realistas
El
polémico documento, que planteaba pasar por las armas a los españoles y los
canarios que no obraran activamente en obsequio de la libertad de América, ha
sido analizado fuera de su contexto, señaló el historiador Omar Hurtado
El Decreto de Guerra a Muerte, dictado por Simón
Bolívar en Trujillo en 1813, en plena Campaña Admirable, en respuesta a la
sanguinaria represalia con la que la Corona española puso fin a la Primera
República. “Fue una respuesta lógica a la desestimación de los contenidos
humanos de la Capitulación firmada en La Victoria el 25 de julio de 1812,
entre los emisarios de Domingo Monteverde y el Generalísimo Francisco de
Miranda”, señaló el historiador y docente universitario Omar Hurtado al Correo
del Orinoco.
Aunque Monteverde aprobó la capitulación
personalmente, “él mismo la violó sistemáticamente, de manera que no fue
extraña la actuación a mansalva de sus huestes que implantaron un régimen de
terror y crueldades con saqueos y matanzas por doquier”, acotó el
académico.
“Ante esta vesánica actitud, Antonio Nicolás
Briceño y un grupo de patriotas dieron a la luz pública el Convenio de
Cartagena, el 16 de enero de 1813, en el que establecieron la confiscación
de los bienes de los españoles y su reparto entre los afectos a la causa
patriota, así como un sistema de ascensos militares que se basaba en la cantidad
de españoles ajusticiados”.
Estos hechos relatados por Hurtado ilustran el
contexto en el que se produjo el decreto de Bolívar, que no fue un hecho
circunstancial sino que expresaba una política orientada a librar una guerra
total contra el imperio español. De hecho, puntualizó que el documento
“posteriormente fue ampliado y suscrito por el brigadier Simón Bolívar en
Cúcuta el 20 de marzo del mimos año (1813) y convertido en proclama en Mérida
el 7 de abril”.
“Más adelante fue ratificado en San Carlos de
Austria (Cojedes) el 28 de junio, ocasión en la que El Libertador, rango que le
había conferido la Municipalidad de Mérida en mayo, dirigió la siguiente
proclama: ‘Por última vez, españoles y canarios, oíd la voz de la justicia y de
la clemencia. Si preferís nuestra causa a la de los tiranos, seréis perdonados
y disfrutaréis de vuestros bienes, vida y honor; y si persistís en ser nuestros
enemigos, alejaos de nuestro país o preparaos a morir”.
-¿Esta política se cumplió al pie de la letra?
-Al estar la Política de Guerra a Muerte
constituida por una serie de decretos emitidos por la Comandancia General del
Ejército patriota era de obligatorio cumplimiento por todos los efectivos del
mismo, aunque las ejecutorias derivadas de él debían ser decididas por los
comandantes de plaza o destacamentos, según su jerarquía. No dudamos de que sus
mandatos fueron cumplidos al pie de la letra.
Hurtado precisó que “ya en el año 1814, por órdenes
de El Libertador, se adelantan muchas ejecuciones sumarias. Pero no olvidemos
que es tristemente célebre la fama que acompaña al Mariscal Pablo Morillo quien
vino a estas regiones con el mandato expreso de “pacificarlas y volverlas al
servicio del Rey”, y se valió de la política de guerra a muerte que imperaba
para someter a un sitio a sangre y fuego a Cartagena, asolar las provincias
rebeldes y desarrollar verdaderas carnicerías.
- ¿Esa política incidió de algún modo en el hecho
de que la Campaña Admirable se cumpliera con éxito en solo cinco meses?
-La respuesta de los patriotas ante la extrema
crueldad de los realistas se mantuvo en vigencia hasta la firma del Tratado de
Armisticio y Regularización de la Guerra por el Capitán General Morillo y El
Libertador el 25 y el 26 de noviembre de 1820, en Santa Ana de Trujillo por el
cual ambos bandos se comprometen “a hacer la guerra como la hacen los pueblos
civilizados”. Pero mientras duró, ciertamente tuvo una enorme influencia en la
manera fulgurante y exitosa como se desarrolló la Campaña Admirable. Durante el
desarrollo de su campaña de la Nueva Granada, Bolívar concibió la idea de una
guerra total contra los españoles y solicitó permiso al Congreso de la Nueva
Granada para desarrollar acciones militares en el suelo venezolano.
Al obtenerlo, avanzó como un huracán sobre Mérida,
Trujillo, Guanare, Barinas, Araure, San Carlos, Taguanes, Valencia, La
Victoria, donde el 4 de agosto de 1813 se produjo la capitulación del gobierno
realista. Entró a Caracas, que le ratificó el título de Libertador. Luego vino
el sitio de Puerto Cabello, donde se había refugiado Monteverde, y se
realizaron las batallas de Bárbula -donde murió Atanasio Girardot-, la de
Barquisimeto, la de Vigirima y la de Araure.
TEXTO EN SU CONTEXTO
Al respecto indicó lo importante de recordar que Simón
Bolívar “entendió, primero que nadie, las causas de la pérdida de la
Primera República y las explanó en el célebre Manifiesto de Cartagena. Pero,
además, él mismo comprendió las razones del naufragio de la Segunda y las anotó
en el Manifiesto de Carúpano, al señalar que las armas patriotas estaban
invictas ante sus naturales adversarios y que sólo las habían derrotado la
ignorancia”.
Con esa observación, Bolívar se refería “a la
manipulación de que fueron víctimas los sectores más desposeídos de la sociedad
al alinearse mayoritariamente contra el movimiento emancipador, ignorando que
el orden económico social imperante era el impuesto por la colonia española en
1498”.
Hurtado destacó que con esta afirmación “el más
grande de los venezolanos estaba replanteando la argumentación que dio lugar a
los sucesivos decretos de Guerra a Muerte y reivindicando la necesidad
de incorporar a los excluidos por el orden colonial así como también
internacionalizar la guerra, que, en definitiva, era lo que perseguía con la
promulgación de esta política”.
Fuente/Mercedes Aguilar
I/Edgar Vargas
Caracas
Tomado del diario Correo del Orinoco, La Artillería del
Pensamiento
sábado, 8 de junio de 2013
Decreto a Guerra Muerte
![]() |
SIMÓN BOLÍVAR
Óleo de Ricardo Acevedo Bernal, Quinta de Bolívar,
Bogotá
[1813] |
Brigadier de la Unión, General en Jefe del Ejercito del Norte,
Libertador de Venezuela
A sus conciudadanos
Venezolanos: Un
ejército de hermanos, enviado por el soberano Congreso de la Nueva
Granada, ha venido a libertaros, y ya lo tenéis en medio de vosotros,
después de haber expulsado a los opresores de las provincias de Mérida
y Trujillo.
Nosotros somos
enviados a destruir a los españoles, a proteger a los americanos, y a
restablecer los gobiernos republicanos que formaban la Confederación de
Venezuela. Los Estados que cubren nuestras armas, están regidos
nuevamente por sus antiguas constituciones y magistrados, gozando
plenamente de su libertad e independencia; porque nuestra misión sólo
se dirige a romper las cadenas de la servidumbre, que agobian todavía a
algunos de nuestros pueblos, sin pretender dar leyes, ni ejercer actos
de dominio, a que el derecho de la guerra podría autorizarnos.
Tocado de
vuestros infortunios, no hemos podido ver con indiferencia las
aflicciones que os hacían experimentar los bárbaros españoles, que os
han aniquilado con la rapiña, y os han destruido con la muerte; que han
violado los derechos sagrados de las gentes; que han infringido las
capitulaciones y los tratados más solemnes; y, en fin, han cometido
todos los crímenes, reduciendo la República de Venezuela a la más
espantosa desolación. Así pues, la justicia exige la vindicta, y la
necesidad nos obliga a tomarla. Que desaparezcan para siempre del suelo
colombiano los monstruos que lo infestan y han cubierto de sangre; que
su escarmiento sea igual a la enormidad de su perfidia, para lavar de
este modo la mancha de nuestra ignominia, y mostrar a las naciones del
universo, que no se ofende impunemente a los hijos de América.
A pesar de
nuestros justos resentimientos contra los inicuos españoles, nuestro
magnánimo corazón se digna, aún, abrirles por la ultima vez una vía a
la conciliación y a la amistad; todavía se les invita a vivir
pacíficamente entre nosotros, si detestando sus crímenes, y
convirtiéndose de buena fe, cooperan con nosotros a la destrucción del
gobierno intruso de España, y al restablecimiento de la República de
Venezuela.
Todo español
que no conspire contra la tiranía en favor de la justa causa, por los
medios más activos y eficaces, será tenido por enemigo, y castigado
como traidor a la patria y, por consecuencia, será irremisiblemente
pasado por las armas. Por el contrario, se concede un indulto general y
absoluto a los que pasen a nuestro ejército con sus armas o sin ellas;
a los que presten sus auxilios a los buenos ciudadanos que se están
esforzando por sacudir el yugo de la tiranía. Se conservarán en sus
empleos y destinos a los oficiales de guerra, y magistrados civiles que
proclamen el Gobierno de Venezuela, y se unan a nosotros; en una
palabra, los españoles que hagan señalados servicios al Estado, serán
reputados y tratados como americanos.
Y vosotros,
americanos, que el error o la perfidia os ha extraviado de las sendas
de la justicia, sabed que vuestros hermanos os perdonan y lamentan
sinceramente vuestros descarríos, en la íntima persuasión de que
vosotros no podéis ser culpables, y que sólo la ceguedad e ignorancia
en que os han tenido hasta el presente los autores de vuestros
crímenes, han podido induciros a ellos. No temáis la espada que viene a
vengaros y a cortar los lazos ignominiosos con que os ligan a su suerte
vuestros verdugos. Contad con una inmunidad absoluta en vuestro honor,
vida y propiedades; el solo título de americanos será vuestra garantía
y salvaguardia. Nuestras armas han venido a protegeros, y no se
emplearán jamás contra uno solo de nuestros hermanos.
Esta amnistía
se extiende hasta a los mismos traidores que más recientemente hayan
cometido actos de felonía; y será tan religiosamente cumplida, que
ninguna razón, causa, o pretexto será suficiente para obligarnos a
quebrantar nuestra oferta, por grandes y extraordinarios que sean los
motivos que nos deis pare excitar nuestra animadversión.
Españoles
y Canarios, contad con la muerte, aun siendo indiferentes, si no obráis
activamente en obsequio de la libertad de América. Americanos, contad
con la vida, aun cuando seáis culpables.
Cuartel General de Trujillo, 15 de junio de 1813.—3
Simon Bolívar.
Es copia.
Pedro Briceño Méndez,
Secretario
200 AÑOS DEL DECRETO A GUERRA MUERTE
Un documento polémico, o la respuesta necesaria ante la cruedal de los vencidos
Este 15 de junio se conmemora en la ciudad de Trujillo (Venezuela) el bicentenario de la proclama emitida por Simón Bolívar (en ese momento Brigadier de la Unión, General en Jefe del Ejercito del Norte) en plena Campaña Admirable en respuesta a la sanguinaria represalia con la que la Corona española puso fin a la primera república, nombre con el que se conoce al periodo histórico transcurrido entre los años 1810 y 1812 en la historia de Venezuela.
La primera república tiene su inicio el 19 de abril de 1810 cuando la Junta Suprema declarada en Caracas destituye al Capitán General Vicente Emparan e instala un Congreso así como declara la independencia del país el 5 de julio de 1811. El nombre del país durante este período fue Estados Unidos de Venezuela, Confederación Venezolana o Provincias Unidas de Venezuela, y tuvo como capital a la ciudad de Valencia con motivos de mantenerla como aliada a la pretensión independentista de Venezuela.
Con la declaración de la independencia y las campañas emprendidas por los republicanos se inicia la guerra de independencia.. La república cae definitivamente el 25 de julio de 1812 con la capitulación de San Mateo ante el jefe realista Domingo Monteverde, al haber vencido en su campaña por la reconquista del país, quién entra en Caracas el 30 del mismo mes.
Para conmemorar esta fecha publicaremos, en primer lugar el documento redactado por Simón Bolívar y escrito por su Secretario personal y posteriormente algunos análisis sobre el, que ha lo largo de la historia ha desatado un sinnúmero de polémicas o de posiciones contrapuestas casi imposibles de conciliar que nació al calor de la caída de la primera república y avivo el espíritu indoblegable por la libertad que guió a nuestros Libertadores.
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